Cultivo de la chufa

Cultivo de la chufa

La chufa (Cyperus esculentus L. var. Sativus) se remonta a épocas bastante lejanas, habiéndose constatado la presencia de estos tubérculos en sarcófagos y tumbas egipcias de las primeras dinastías. Su cultivo fue introducido en la Península por los árabes en la edad media, concretamente en la costa levantina.

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Plantación de la chufa

Esta planta de la familia Cyperáceas tiene un sistema rizomático muy desarrollado donde se forman, en los extremos de los rizomas, los tubérculos que reciben el nombre de “chufas”. La forma puede ser redondeada “armela” o alargada “llargueta”.

Previamente a la plantación se deben realizar labores preparatorias del terreno. Esta etapa tiene como finalidad incorporar y desmenuzar los restos de los cultivos precedentes (patata, cebolla, etc.) y dejar el terreno esponjoso, suelto y bien nivelado.

La chufa se planta preferentemente en el mes de abril y se realiza de manera mecánica con unas sembradoras de presión que van formando caballones de 15-20 cm de altura, con una distancia de 55-60 cm. La profundidad de plantación es de 4 a 8 cm, con una separación entre los mismos de unos 10 cm. La densidad de siembra suele ser alta, requiriéndose del orden de 10 o 12 Kg de chufa por hanegada.

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Exigencias climáticas

En climas cálidos, con temperaturas medias elevadas y un período de 4 a 5 meses libres de heladas, la planta puede completar su ciclo vegetativo. Las necesidades de agua son muy elevadas y el crecimiento se ve favorecido por una humedad ambiental alta.
El cultivo de chufa de Valencia necesita un aporte hídrico constante a lo largo de todo el ciclo, que sólo se puede suministrar con el riego. Las lluvias intensas y los vientos fuertes son perjudiciales.

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Exigencias edáficas

En los suelos sueltos franco-arenosos es donde la chufa adquiere una mayor calidad, sabor más dulce e intenso, piel más fina, ausencia de raíces que la deprecien y un tamaño más grande y uniforme.
Los suelos también deben estar limpios de restos vegetales y piedras, ser abundantes en materias orgánicas y no salinos, como los presentes en la comarca de L’Horta Nord de la Comunidad Valenciana.

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Recolección

Realizamos el quemado de la parte aérea de la planta y tras ella, efectuamos una limpieza de las cenizas y de los restos. Realizamos la recolección en los meses de noviembre a enero, cuando la planta debe estar completamente seca.

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Lavado

En esta operación las chufas pierden sus raíces, limpiamos su piel y eliminamos los tubérculos defectuosos y vamos depositando las chufas procedentes del campo en una era del lavadero.

En un primer bombo-criba se separa la tierra del resto del material; luego pasan a un segundo bombo formado por dos elementos concéntricos donde se separan la paja y las piedras gruesas. Finalmente, un tercer bombo elimina el pelo de la chufa.

Por último, una ducha las va mojando y pasan por unas canaletas donde hay diferentes salidas de agua. Aquí se separa la grava de las chufas y se acaban de limpiar.

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Secado

Una vez limpias, las chufas deben perder humedad mediante el secado. Durante este proceso, se hace descender la humedad del 50% hasta el 11%. El proceso se lleva a cabo en “cambras” de secado y su duración suele ser de 4 a 6 meses.

Durante este tiempo se remueven las chufas diariamente, de manera lenta y cuidadosa, con el fin de conseguir un secado uniforme y las características que les son propias.

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Selección

Una vez que la chufa está seca, se procede a su limpieza, eliminando las impurezas como carbones, piedras, etc. que puedan quedar del campo y se clasifican, primero de forma mecánica y después a mano para obtener el producto ya listo para envasar y comercializar.

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Particularidades del cultivo ecológico

Hemos iniciado el cultivo ecológico en nuestros campos situados en Alboraya con la finalidad de obtener productos sanos y saludables. Utilizamos productos naturales para el cultivo ecológico de chufa, patatas y cebollas, obteniendo una cosecha libre de residuos químicos y respetuosa con el medio ambiente.

La agricultura ecológica tiene prohibido el uso de productos químicos de síntesis como fertilizantes y, por tanto, la producción obtenida es menor.

Deben utilizarse para evitar las plagas básicamente estrategias preventivas con productos naturales para el cultivo, como aceites (por ejemplo el aceite de neem) o bacterias (por ejemplo la Bacillus thuringiensis o la Bacillus subtilis). Estos productos naturales incrementan el coste de la cosecha al ser más caros que los productos utilizados en la agricultura convencional.

Además, muchos de los trabajos que se pueden hacer con productos químicos como la eliminación de malas hierbas con herbicidas, en la agricultura ecológica se tienen que realizar mediante trabajo manual.

Asimismo, la certificación que es la mayor garantía para el consumidor, supone también un coste económico, no sólo por las tasas del comité de certificación, sino también por el tiempo de trabajo que es necesario emplear para poder tener la documentación requerida por las inspecciones. Entre estos documentos a presentar se encuentra desde la comunicación de la plantación y semilla utilizada, a un minucioso registro documental de todos los trabajos y productos utilizados desde el inicio del cultivo hasta su cosecha, así como de las condiciones en las que se almacena, de la venta de la cosecha; y en definitiva, todo lo necesario para garantizar una trazabilidad completa.

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